Con pretexto del Día del Biólogo (25 de enero) muchos de mis amigos y compañeros de la universidad publicaron imágenes o felicitaciones en sus redes sociales. Algunas muestran cosas que a ellos les gusta de la disciplina, otros se sirven de recordar sus experiencias durante la carrera (las salidas de campo, por ejemplo) y hay otros que publican gráficos y textos que me sorprenden no gratamente.
Por lo que veo, a varios de mis compañeros les gusta la famosa y decimonónica [siempre quise utilizar esa palabra] caminata "evolutiva" del hombre que en el discurso es más similar a la "Gran Cadena del Ser" de Lamarck que a las posturas actuales en biología evolutiva. Otra imagen que fue popular este año es la de un biólogo que se divide entre el campo y el laboratorio, el dibujo tiene su gracia pero hasta cierto punto me preocupa ver que mis compañeros de Puebla se tomen demasiado en serio esa división.Quizás las imágenes sólo tienen un fin humorístico y no debería tomarlas tan en serio. En cambio, los textos que suelen estar escritos por mis propios colegas (es un mérito que no hagan "copy+paste"), reflejan más claramente lo que les gusta de su disciplina y cómo la perciben. Si bien me agrada ver que dedican algún tiempo en pensar en términos generales a su disciplina, lo molesto de sus comentarios es que utilizan adjetivos para describirnos a todos los biólogos de una misma manera. Hubo quien dijo que somos "locos" y "aventureros", con lo cual más de uno quedaríamos afuera del grupo [*forever alone*].
Otros elogiaban nuestra carrera en contraposición con otras disciplinas científicas, hablaban de lo que ellos no hacen y nosotros sí y blablabla. El problema es que en muchas ocasiones si las comparaciones no se hacen bien suenan a justificaciones no pedidas o, peor, a ardidez. Mis colegas parecían más preocupados por justificarse ante algún criticón con el que alguna vez hablaron que por decir con honestidad porqué les gusta la biología.
Yo creo que el Día del Biólogo, más que para justificarnos debería servir para que mostremos lo que nos gusta de nuestra disciplina, qué es lo que encontramos fascinante o motivante cuando trabajamos en ella, incluso qué nos disgusta y en dónde podemos incidir para cambiarla o mejorarla. También es un buen pretexto para pensarla en conjunto, como una disciplina que agrupa muchas áreas de investigación, que no siempre están tan claramente divididas como la imagen que compartieron mis compañeros. Reconocer ese conjunto y explorar sus límites nos permite incluso [no se espanten, biólogos] preguntarnos cuál es su importancia social y hasta qué punto, desde nuestra profesión, es posible contribuir o retribuir a nuestro entorno.
Entender los límites de una disciplina no es sólo ver en qué ámbitos es difícil intervenir, sino tener claro en cuáles podemos incidir. Me parece que esto último es más valioso que buscar adjetivos descocados para el biólogo y justificaciones no pedidas para nuestras actividades científicas.


