jueves, enero 26, 2012

Día del biólogo



Con pretexto del Día del Biólogo (25 de enero) muchos de mis amigos y compañeros de la universidad publicaron imágenes o felicitaciones en sus redes sociales. Algunas muestran cosas que a ellos les gusta de la disciplina, otros se sirven de recordar sus experiencias durante la carrera (las salidas de campo, por ejemplo) y hay otros que publican gráficos y textos que me sorprenden no gratamente.

Por lo que veo, a varios de mis compañeros les gusta la famosa y decimonónica [siempre quise utilizar esa palabra] caminata "evolutiva" del hombre que en el discurso es más similar a la "Gran Cadena del Ser" de Lamarck que a las posturas actuales en biología evolutiva. Otra imagen que fue popular este año es la de un biólogo que se divide entre el campo y el laboratorio, el dibujo tiene su gracia pero hasta cierto punto me preocupa ver que mis compañeros de Puebla se tomen demasiado en serio esa división.

Quizás las imágenes sólo tienen un fin humorístico y no debería tomarlas tan en serio. En cambio, los textos que suelen estar escritos por mis propios colegas (es un mérito que no hagan "copy+paste"), reflejan más claramente lo que les gusta de su disciplina y cómo la perciben. Si bien me agrada ver que dedican algún tiempo en pensar en términos generales a su disciplina, lo molesto de sus comentarios es que utilizan adjetivos para describirnos a todos los biólogos de una misma manera. Hubo quien dijo que somos "locos" y "aventureros", con lo cual más de uno quedaríamos afuera del grupo [*forever alone*].

Otros elogiaban nuestra carrera en contraposición con otras disciplinas científicas, hablaban de lo que ellos no hacen y nosotros sí y blablabla. El problema es que en muchas ocasiones si las comparaciones no se hacen bien suenan a justificaciones no pedidas o, peor, a ardidez. Mis colegas parecían más preocupados por justificarse ante algún criticón con el que alguna vez hablaron que por decir con honestidad porqué les gusta la biología.

Yo creo que el Día del Biólogo, más que para justificarnos debería servir para que mostremos lo que nos gusta de nuestra disciplina, qué es lo que encontramos fascinante o motivante cuando trabajamos en ella, incluso qué nos disgusta y en dónde podemos incidir para cambiarla o mejorarla. También es un buen pretexto para pensarla en conjunto, como una disciplina que agrupa muchas áreas de investigación, que no siempre están tan claramente divididas como la imagen que compartieron mis compañeros. Reconocer ese conjunto y explorar sus límites nos permite incluso [no se espanten, biólogos] preguntarnos cuál es su importancia social y hasta qué punto, desde nuestra profesión, es posible contribuir o retribuir a nuestro entorno.

Entender los límites de una disciplina no es sólo ver en qué ámbitos es difícil intervenir, sino tener claro en cuáles podemos incidir. Me parece que esto último es más valioso que buscar adjetivos descocados para el biólogo y justificaciones no pedidas para nuestras actividades científicas.

lunes, enero 09, 2012

El atemporal Henry



Hay escenarios que les quedan muy grandes a sus protagonistas, a veces sin importar lo famosos o lo talentosos que éstos sean. Quizás en el ámbito trivial de los deportes sea donde más seguido ocurren este tipo de situaciones o, al menos, donde más solemos observarlas.

¿Cuántas veces un deportista del que se espera una gran actuación en un escenario imponente queda a deber al público que lo observa? Ya sea en finales de torneos, juegos de relevancia o en muchos otros lugares y circunstancias hemos visto a alguien fallar cuando menos se le es permitido hacerlo.

Obviamente el más común de los deportes no es ajeno a estas fallas. Los penales de la selección mexicana en los mundiales y la actuación mediocre de Cristiano Ronaldo en el último clásico español son ejemplos cercanos geográfica y temporalmente.

Es por ello que yo no esperaba demasiado del debut de Thierry Henry con el Arsenal FC en la FA Cup. La historia es conocida por medio mundo: hace cinco años Henry salió de Londres, en donde era ídolo de la afición del Arsenal y figura de su equipo, y llegó al FC Barcelona. Es aún el máximo goleador del equipo londinense y su regreso, a pesar de sus 34 años de edad, era esperado por toda la afición.

A pesar de ser un partido de la copa de Inglaterra, el escenario era muy grande en cuanto a expectativas y el rival -el histórico Leeds United que hoy compite en segunda división- hizo lo suficiente para poner las cosas difíciles. El Arsenal, que carece de goles y tiene errores defensivos en cada partido que juega esta temporada, a duras apenas conseguía rematar a gol.

Cuando Henry entró, la televisión enfocó a las pancartas: "Henry: The Legend", decían varias de ellas. Al crecer las ilusiones de la afición, la presión sobre los deportistas también lo hace y a muchos de ellos el escenario los derrota. Pero a Henry no.

Después de ser aplaudido de una manera sin precedentes al entrar de cambio por Chamakh y de haber tocado cuatro veces el balón; al minuto 79, Song filtró un pase hacia la banda izquierda en donde se encontraba el jugador francés. Al recibir el balón, Henry parecía haber estado ahí desde siempre, en un escenario más que conocido del que simulaba no haberse ido nunca. Sus movimientos fueron los usuales: recepción, perfil y remate a contrapalo. Henry lo hizo con tanta naturalidad que su festejo bien pudo ser cualquiera de aquellos que hizo de 2001 a 2007 (que casi siempre consistían de correr hacia el córner con los brazos plegados y la mirada seria viendo a la afición); pero fue diferente, si acaso el único gesto que él se permitió hacer distinto a su época anterior en el Arsenal.

El Arsenal ganó con ese gol, y ahí estaba Henry festejando, más efusivamente que nunca pero como si nunca se hubiera marchado de Londres.

sábado, enero 07, 2012

Amargura musical

La única cosa que he hecho como parte de mis "vacaciones" que no implica hacer trabajos de la escuela es ordenar un librero y vaciar un par de cajas de mudanza que no había abierto desde julio.

Parte del asunto de ordenar mi librero incluyó hacer un inventario de los libros y revistas que tengo. Aún me falta poner en orden mi colección de National Geographic, pero logré hacer un listado de todos mis ejemplares de "La Mosca en La Pared" que, si ustedes no lo saben, fue una revista de rock que se publicó desde los 90's hasta hace unos cuatro años. "La Mosca" se distinguía por hacer mofa de muchos personajes y situaciones del rock mexicano y (eso seguro no lo saben) fue donde comencé a leer sobre grupos y cantantes (la palabra "solistas" nunca me ha gustado) que después se volvieron parte de la música que más escucho.

Durante el inventario descubrí que desde que mi papá comenzó a comprar la revista en el número 51, me hacían falta diez ejemplares y diez números especiales (estos últimos dedicados a personajes y bandas específicos) para completar la colección hasta el número final 125. Quizás porque siempre he sentido cierta tranquilidad y una extraña satisfacción al ordenar mis cosas (tal vez incluso debí ser bibliotecario), me puse a buscar los números faltantes en internet y encontré unos diez, de los cuales conseguí comprar tres en estos últimos tres días.

Uno de ellos, con una foto de portada que quizás no fuera de las mejores que sacó la revista, me atrapó:


No sólo es que Juliette Lewis me parezca atractiva y que el reportaje acerca de "Juliette & The Licks" tenga un par de buenas fotos de ella, ni que haya un reportaje de Cat Power, otro de Jessy Bulbo y varios de mujeres en la música (no sólo en el rock). Lo que me sorprendió y me alegró fue que en las páginas centrales hubiera una sección dedicada a "Tidal", el primer disco de Fiona Apple.


Acepto que soy totalmente parcial a la Apple, pero ¿está mal emocionarte cuando escuchas canciones depresivas cantadas por una mujer con una voz que exhibe profundamente su amargura? Alguna vez, una amiga cercana me dijo que le parecía extraño que yo pudiera sentirme identificado con cualquier música cuando a veces me muestro tan poco sensible y con tan poca empatía.

No recuerdo qué le respondí, pero les aseguro que los que somos poco expresivos también tenemos sentimientos. Incluso creo que nosotros tenemos más derecho a identificarnos con la amargura y con la melancolía de algunas canciones. Al fin y al cabo, sólo somos personas que no sabemos expresar de manera adecuada nuestras emociones, la música (para mí la de Fiona Apple mucho más) nos permite exhibir esas sensaciones que no somos capaces de manifestar de ninguna otra forma y que buscan salir de nuestro cuerpo de cualquier modo posible.

domingo, diciembre 25, 2011

Nota al margen #1

Por supuesto que ninguna actividad está exenta de crítica, pero ¿qué autoridad intelectual se auto-confieren aquellos que intentan normar actividades ajenas a su propia experiencia? ¿qué clase de cosas los envalentona?

sábado, diciembre 24, 2011

Esquizofrenias familiares

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Cuando éramos más chicos, mi hermana mayor y yo nos quejábamos de cómo siempre nos daban dos órdenes distintas. "Limpia tu cuarto", decía mi mamá; y a los pocos minutos de haber comenzado mi papá se asomaba y decía "barre la sala". Las respuestas de mi hermana y la mía siempre eran las mismas: "mamá/papá me dijo que hiciera otra cosa".

Nunca entendí porqué siempre nos hacían eso. Es raro que dos personas que suelen estar de acuerdo políticamente y llevan viviendo juntos no sé cuántos años, sean incapaces de ponerse de acuerdo para cosas tan triviales como las obligaciones de los hijos.

También (supongo que eso es más común en muchas familias) solían generar bandos encontrados; entre quienes querían ir a ver a la abuelita materna o a los abuelos paternos, entre quienes querían ir a la fiesta de alguna prima o entre quienes querían quedarse en casa, y demás fruslerías.

Quizás en parte es por ello que me enterco en no responder cuando algún fulano intenta hacerme elegir entre dos tonterías (refrescos, celulares, partidos políticos, personas, filósofos...). Quizás también a eso se deba que, por otra parte, sea tan indeciso.

Otra consecuencia afable tiene el que haya crecido en un ambiente así. Puesto que mi entusiasmo por estas fechas es casi nulo, la depresión de tener una "familia disfuncional" no me invade cuando mis padres se disponen a hacer una cena de navidad POR SEPARADO ¡en la misma casa y con los mismos invitados (mis hermanas y yo)!

Año tras año confirmo que mi familia es totalmente rara. En estas "fechas para recordar" lo único que he recordado es que, cuando están de bronca, a mis padres les da por hacernos actuar a mis hermanas y a mí como esquizofrénicos.